Reflexiones y ensayos

Lluvia

Hace unos días un amigo me explicaba que tiene un cuaderno dónde va apuntando cosas que le van pasando, una especie de registro vivencial, algo así como el típico diario pero con la particularidad de que cuando escribe lo hace en tercera persona.

Yo también tengo una de esas libretas desastre y brújula a la vez dónde escribo todas mis miserias, grandezas y detalles que me llaman la atención, desde frases célebres (normalmente ajenas) a pequeños textos casi poéticos, propios.

El caso es que yo de escribir no tengo ni idea pero hoy mientras fregaba los platos y oía el retumbar de las gotas en el cristal de la ventana me ha venido a la cabeza la palabra autoficción, vocablo del cual no tenía claro su significado hasta que mi último exnovio, que de escribir sí que tenía idea, me explicó que es algo así como contar una historia que te ha pasado pero maquillándola tanto como quieras, es decir que partes de tus vivencias para luego irte por los cerros de Úbeda hasta donde tu imaginación te lleve, más o menos como en el chiste ese de que los chicos se comen una y cuentan veinte.

Así que me he dicho ¿por qué no pruebas? total no tienes nada mejor que hacer esta tarde asi que, ahí va una pueba:

Carolina es una chica de unos 35 años, es atractiva pero no excesivamente guapa. Como la protagonista de la película “La Virgen de Agosto” ha decidido quedarse unos días en Madrid para ver cómo es eso de disfrutar la ciudad mietras la mayoría están fuera, algo así como un autoreto.

Igual que a Eva la protagonista de la película, a Carolina también le ha pasado algo que le ha dejado un poco descolocada. Su Ulises, muy valiente él, ha decidido dejarla para conocer a una nueva heroina. El caso es que es agosto por la tarde, llueve mucho y está de vacaciones en Madrid mientras todo el mundo está diviertiéndose entre playas, pueblos y destinos de catálogo de viajes más o menos alternativos.

Carolina tiene muchas ilusiones y buenos amigos, además de ganas de conocer a un nuevo compañero de aventuras no es de las que se quedan a verlas venir, pero no sabe muy bien como gestionar esos momentos moñas en los que echa de menos su vida pasada o un estado de felicidad que apenas dura ratitos no consecutorios. Está viviendo uno de sus días de soledad, de soledad y menstruación y esos días aunque los conoce y saben de qué van, duelen por vertiente doble.

Dicen los budistas que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional y Carolina no lo niega, pero a veces querría darle su cuerpo y mente por un día a uno de esos resabiados new age, cuyas teorías cree pero con los que a veces se enfada. Así es Carolina, pizpireta e intensa, alegre y quejica, generosa y tacaña a veces, un ejemplo de imperfección e incoherencia cuando habla demasiado porque se lía y ya no sabe lo que dice y una personalización de la calma cuando está en contacto con ella misma.

Carolina siente a menudo una necesidad imperiosa de expresarse y encuentra para ello varias vías que la divierten aunque el pudor  muchas veces no la deja compartir esa expresión por miedo al fracaso. Carolina es bastante autoexigente, aunque también se ría de ella misma.

Esta es la presentación de la que será la protagonista de algunas de mis historias y hasta que llegue su relato, me despido yo, Vanessa.

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