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Invisibles

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Me acaba de venir a la cabeza el título de la película “Invisibles” de Gracia Querejeta. Trata sobre tres mujeres que han cumplido los cincuenta y sobre el lugar o el no lugar que ocupan en la sociedad. Me ha venido a la cabeza pensando en el tema de la vejez.

Hoy mi perro está malito, tiene diarrea, los ojitos con un poco de infección y una heridita en la pata, nada grave que no se cure con una ración de cuidados y mimos, pero esto me ha hecho pensar en los “viejos” y digo viejos con intención, porque cuando somos jóvenes es así como los llamamos y vemos (al menos que sean nuestros abuelos), luego cuando vamos cumpliendo años dejamos de llamarles viejos y los llamamos ancianos y de ellos sobre todo preocupa que no se enfermen para que no sean una carga. Por supuesto que sé que no todo el mundo piensa así pero si me animo a escribir en este blog es precisamente para visibilizar pensamientos o comportamientos que no siempre vamos a querer compartir en público por miedo a que nos consideren malas personas, pero que ahí están.

Volviendo a mí perro, resulta que hoy no ha dejado de perseguirme por toda la casa y que se ha puesto a llorar varias veces para indicarme que no podía aguantar más, que tenía que bajar a la calle a hacer sus necesidades (sino él es muy paciente y bastante casero). Al bajar a la calle y verle tan apurado no sé por qué he pensado en esa persona mayor que está sola en casa, que empieza a no poder contener sus funciones fisiológicas, que ya no tiene la capacidad de esperar y no porque no quiera, sino porque no puede.

He pensado en la de veces que mi madre ha repetido las mismas frases estos días de confinamiento, y los anteriores, en cómo necesita repetir y repetir las cosas en un intento, no sé si voluntario o no, de no olvidar las cosas como un modo de luchar contra el tiempo y el olvido, y en cómo eso me sorprende e incluso me molesta a veces, a pesar de ser una “yoguini”.

He pensado en cómo empezamos estos días de cuarentena con la tranquilidad de que sólo moría gente mayor, con el discurso de la ley de vida y la selección natural y no digo que no sea justo, en eso no me meto porque yo no soy quien para cuestionar las leyes de la Naturaleza, pero sí me gusta cuestionar las de los hombres y las mías propias.

Veo en estos días en mi recién estrenada cuenta de Instagram (beyoga80) fotos y vídeos de gente joven, sana, alegre y preciosa mostrando su mejor aspecto y animando con belleza esta situación, lo cual es de agradecer, pero me pregunto qué pasa con lo feo, con lo desagradable, con lo defectuoso, con lo que callamos… y me pregunto ¿realmente estamos todos tan bien? Lo siento, pero no me lo creo. No me lo creo porque somos una sociedad con altos índices de suicidios, depresiones, adicciones, infertilidad, enfermedades múltiples y un largo etcétera. Con esto no quiero decir que no abogue por el refrán de “al mal tiempo, buena cara” pero si realmente queremos un cambio social es momento de mostrarnos como somos, con honestidad y vulnerabilidad, porque de otra manera jamás vamos a respetar y cuidar de los más débiles, entre ellos nuestros mayores. ¿Por qué? Porque nos muestran un aspecto de la vida que no nos gusta, al cual no aspiramos, pero al que inevitablemente muchos llegaremos y entonces si realmente ha habido un cambio de paradigma, por un lado seremos respetados y acogidos y por otro, desde ese mismo respeto quizá podamos elegir un día cuando estemos ya cansados de vivir, que queremos parar, que queremos descansar.

Este escrito no pretende ser sólo una crítica, sino un impulso, una palmadita en la espalda, porque lo estamos haciendo muy bien, pero lo hacemos por obligación, no por voluntad propia y es ahí donde interviene la conciencia y la visión del yoga, en la unidad, en la unión, en la compasión y en el amor. Por eso te animo a que si tienes la suerte de no ir a trabajar o de poder sacar un ratito en estos días, reflexiones sobre estos temas y practiques aunque sea diez minutos de meditación al día, sólo trata de sentarte y mirar hacia dentro para realmente ver y sentir cómo estás y qué necesitas. Empieza por ti, date cuidado y desde ahí con una mirada compasiva (no importa si no te sale a la primera), te invito a mirar a los demás, a tus iguales, porque lo creas o no, hasta el más vil, tiene cosas en común contigo.

Mucho ánimos a tod@s, me siento muy agradecida de poderme expresar aquí y de que algun@s os toméis el tiempo de leerme.

OH MANI PADME HUM, es el mantra budista de la compasión, os dejo un audio por si queréis meditar con él. Se trata de repetirlo y poner la intención de tener el corazón compasivo. Compasión significa el deseo sincero de evitar el sufrimiento de otro o de acompañarle en ese tránsito.

https://www.youtube.com/watch?v=iG_lNuNUVd4 

1 comentario en “Invisibles”

  1. Precioso, y muy buena reflexión, es verdad que vamos siempre tan acelerados que nunca pensamos en reflexionar sobre estas cuestiones. En estos dias es buena oportunidad para hacerlo..
    Un besazooo

    Le gusta a 1 persona

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